DELANTE DEL JUEZ SUPREMO AUDIO LIBRO

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¿Puedes imaginar por un momento qué pasaría si los países no tuvieran leyes para regirse, y si la justicia no actuara para garantizar su cumplimiento?

¿Qué sucedería si los asesinos, ladrones, estafadores, traficantes, violadores…, supieran que no existe ninguna ley que condene sus hechos?

Es obvio que sería un caos. Para hacernos una pequeña idea, nos basta con mirar a países con gobiernos corruptos o con un sistema judicial deficiente, para ver como resultado un alto índice de asesinatos, violaciones, abusos, prostitución, pobreza, inseguridad ciudadana, desestabilizad económica, una alta deficiencia en todos los servicios a nivel de educación, sanidad, etc.…

Por ello, todos los gobiernos en el mundo civilizado, para evitar la anarquía y el caos, han creado sus departamentos de justicia, ya que es imposible, y aún contra la ley, que el hombre pueda ejercitar tal justicia por su propia cuenta. Lo que sí es un hecho es que hoy en día la justicia está perdiendo su fuerza e incluso su significado.

Nosotros, por lo general, estamos a favor de la ley, siempre y cuando ésta no nos perjudique y garantice nuestra seguridad y bienestar. A veces, incluso, llegamos a mostrarnos solidarios con aquellos que han sido víctimas del incumplimiento de la ley por parte de otros.

De manera casi inconsciente, algo dentro de nosotros nos hace apelar a la justicia para que ésta se aplique correctamente, a menos que seamos nosotros los que hayamos infringido alguna ley y entonces no queramos enfrentar las consecuencias.

Algo que también es muy común y característico del ser humano, es decir que Dios no es justo cuando, por una falta de justicia en el hombre, le culpamos a Él por todas las desgracias que ocurren. Esta actitud está muy bien definida en la Biblia, que a pesar de haber sido escrita hace miles de años, es el libro más actual y preciso en cuanto al comportamiento del ser humano.

Como si supiera los argumentos de hoy en día, dice así: “La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Dios se irrita su corazón” (Proverbios 19:3).